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viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Para qué entreno tanto? Reflexiones de un borracho




Muchas veces familiares y conocidos que no practican el rugby me han preguntado que para qué entrenar tanto, ya que muchas veces parece que se gasta demasiado tiempo y energía para un resultado que no siempre es el mejor al final del campeonato. Mi respuesta por años a ese interrogante era que entrenábamos porque es la única forma que hay si quieres ganar el torneo. Y no hay que ser muy suspicaz para anticipar lo que sigue; ¿y entonces porque no ganaron? ¿Por qué no ganaron el año pasado? ¿Cuándo fue la última vez que ganaron?. Es inevitable sentir frustración. Todos queremos ganar. Soñamos con ser los campeones de Bogotá y viajar a torneos de otras ciudades y traer copas, llenar la vitrina de trofeos. ¡Salir de gira a la Argentina y ganar!

Pero esas preguntas odiosas de los amantes del futbol que se conforman con reunirse una vez cada fin de semana a jugar un chuzado, a quienes no les importa tanto ganar o perder porque igual no entrenan, así que no le invierten mucho a algo que no pasa de ser un escusa para mentirse así mismo diciendo que practica un deporte, sin duda esas preguntas tiene un efecto y me han hecho reflexionar y cuestionarme el por qué entrenar si la victoria a veces es tan esquiva. En el fondo siempre he sabido que entreno porque me gusta mucho practicar y verme con mis amigos. Sin embargo años de asistir semana tras semana a la práctica cada noche de martes y jueves, aunque me han quitado toneladas de estrés de mi vida diaria y me han dado algo de salud física, no me habían quitado la frustración de perder un partido. Por el contrario, la desilusión que se siente después de una derrota es peor tras haber entrenado tanto.

Mucho tiempo he pensado al respecto y lo he conversado con varios amigos en interminables discusiones filosóficas de tercer tiempo. Ahora he descubierto que he estado haciéndome las preguntas equivocadas y eso es un callejón sin salida que solo conduce al número trece de la calle tristeza, esquina agonía… Son preguntas derivadas, obviamente, de la forma en que mi cultura colombiana no concibe un deporte tan noble como en rugby.

Cuando uno se pregunta qué es lo que busca lograr al jugar un partido de rugby, la respuesta más pronta es decir que lo que se busca es ganar. Parece lógico y obvio. Todos queremos ganar. Competimos para demostrar quién es el mejor. El espíritu de competencia está en nuestro ADN y es lo que empuja el desarrollo. Claro que jugamos para ganar. Claro que competimos por la victoria. Pero la victoria es un objetivo que no está en las manos de uno y es algo que no se puede controlar. Lo que quiero decir es que el triunfo, en un deporte de equipo, no solo depende de mí como individuo, sino que depende de 15 jugadores dentro de la cancha de rugby. Es más, también depende de los 7 suplentes y de cómo esos 22 jugadores diferentes van a hacer las cosas. Indudablemente también depende del nivel del equipo rival y su performance y preparación. Y depende del árbitro del encuentro, de sus errores y sus aciertos. Además hay factores que no se pueden quitar como el estado del campo o el clima que afectan el desarrollo de un partido y por ende su resultado final. En otras palabras, si digo que mi objetivo para jugar el rugby es el de ganar, pues estoy poniendo mis metas, es decir, mis ilusiones en manos de otros que están fuera de mi control. Lo que quiere decir que no importa cuánto me mate entrenando, el resultado final dependerá de muchas más cosa, pero no de mí. Decir que mi objetivo es ganar, es un pajazo mental que estúpidamente me hará sentir feliz si se gana y miserable si se pierde.

Curiosamente la respuesta al dilema planteado la encontré en un libro que tenía guardado sin leer hace como 10 años. No lo había terminado de leer por pereza y por tiempo. Estaba demasiado ocupado entrenando. Lo que descubrí en este libro es que básicamente los objetivos que uno se debe poner, deben poder ser controlados por uno mismo. No deben depender de factores externos. Así uno es responsable de cumplirlos y la satisfacción o frustración estarán bajo control también. Adicionalmente esto influenciará en la motivación y en el enfoque al igual que en la concentración ya que uno mismo podrá ver como mejora cada día y empezará a perseguir objetivos más y más exigentes cada vez. Para dar un ejemplo simple, un jugador que lanza en el line out podría ponerse como objetivo el de lanzar el balón de manera precisa. Su meta será reducir a cero los balones parciales. Lo primero que hará es darse cuenta de cual es su rendimiento actual, como punto de partida. Contará cuantos balones parciales le pitan durante un partido. De esta forma podrá medir su avance. Luego junto con el entrenador podría planear una estrategia para mejorar su lanzamiento. Seguramente llegará a la conclusión de que debe practicar el lanzamiento durante un tiempo determinado cada día. Tal vez mediante un video observe como está su técnica y pueda corregir detalles. Seguramente descubrirá que su precisión disminuye considerablemente con el agotamiento físico del partido así que empezara a trabajar su estado físico, y probablemente eso conllevará a que cambie su dieta, etc.

El ejemplo ilustra como un objetivo individual aparentemente simple, inicia todo un proceso, una bola de nieve que va afectando un montón de aspectos diferentes y que a la final lo que realmente se está asiendo es que ese jugador contribuya de manera invaluable con un lanzamiento certero, esencial para ganar los line out y en definitivo para ganar el partido ya que sin un line out solido es casi imposible jugar al rugby. Por otro lado ese jugador se convierte en un competidor que cada vez lo quiere hacer mejor. Un jugador que durante el partido está enfocado en perseguir su meta sin importar si se está ganando o perdiendo, sin importar si está jugando contra un equipo de menor nivel o contra los All Blacks. Se ha convertido en un maestro de la concentración durante los partidos y su motivación lo empujará a mejorar cada vez. A lo mejor también se dé cuenta de que prepararse para un partido no es suficiente con llegar temprano a este. Que ayuda bastante no salir de juerga la noche anterior. Y que prometerse a si mismo ir a entrenar sin falta, luego de una charla motivadora del entrenador tras un partido mal jugado, no alcanza para asistir a los entrenos ya que además hay que organizar una montaña de actividades del trabajo, el estudio y la novia para no tener que enviar, una hora antes del entreno, un mensaje excusándose por no poder asistir ese día.

El mismo concepto se debe aplicar para fijar objetivos individuales medibles para la patada a palos, la pata de penal a la línea de touch, la patada de drop, talonear el balón en el scrum, atrapar balones del aire, patear y correr, tacklear y pescar, pasar el balón, romper el primer tackle, etcétera, etcétera, etcétera.


Finalmente, de lo que me di cuenta es que responder a la pregunta de qué es lo que espero al entrenar para un partido rugby, con un simple “ganar” es lo mismo que decir: no sé, no tengo ni idea! Porque en primer lugar, ganar no depende solo de mi y en segundo lugar porque aunque se logre ganar, no será una victoria para mí. La victoria no es para el que marca los trys de un partido ni para el que mete más puntos pateando a los palos. La victoria no es para el man of the mach ni para el capitán del equipo o para el entrenador, ya que se requiere del trabajo imprescindible de muchos dentro y fuera de la cancha. Lo que hay que entender para responder esa pregunta es que el rugby no es un fin sino un medio, y que el objetivo de un equipo se desvanece cuando se olvidan las metas individuales de los que lo conforman. Entender que es más importante jugar bien al rugby que el score del partido porque ese score solo es una consecuencia y no una causa. 

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