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viernes, 29 de diciembre de 2017

Ocaso


Es temprano en la mañana. Ha madrugado para ir a su trabajo como es costumbre desde hace varios años. Toma su maleta con las botas de rugby porque es martes y hay práctica en la noche. El tránsito por entre el transporte público se hace aún más incómodo de lo habitual con esa gran maleta en su espalda. El tráfico es insoportable. La gente es insoportable. La vida es insoportable.

Llega tarde a la oficina pero no le importa el reclamo de su jefe. Va pensando en el tiempo que deberá reponer por su llegada tarde y si alcanzará a llegar a la práctica a tiempo en la noche. Su jefe le ve la cara magullada, tiene un ojo de color extraño y algunas raspaduras en la parte lateral de la frente, pero no se asombra. Hace mucho tiempo que en su oficina se acostumbraron a verlo de cuando en cuando con las marcas del juego del sábado anterior. Ya ni se burlan de sus heridas y él también hace tiempo que dejó de intentar ocultar esos raspones con pomada para cicatriz. Su cuerpo está lleno de marcas que cuentan historias que comenzaron en un campo de rugby y terminaron en un quirófano. Los días en que le gustaba pensar que estaba en una especie de club de la pelea se apagaron. El empleo que aceptó temporalmente se convirtió en permanente y ahora es su esclavo. Debe pagar por el carro que casi nunca puede usar y por el hijo que casi nunca puede ver.

Al final de la tarde logra escaparse y llegar a tiempo a la práctica de rugby. Parece que esa oficina le succiona la energía y se siente agotado. Se pregunta si realmente debería ir a entrenar esa noche. Se siente cansado, sin ánimo, sin ganas de hacer nada. Cada vez encuentra menos motivos para ir. En otros tiempos sabía que debía ganarse la camiseta entrenando y se esforzaba por no faltar a ningún entrenamiento, después le tomó un gusto admirable a los entrenos y muchas veces era su válvula de escape, su propia terapia, su medicina. No importaba si había partido el próximo sábado, no importaba si había torneo. No importaba si llovía y hacía frío. Hasta fue parte de una especie de secta que jamás faltaba a los entrenamientos y que se hacían llamar Los Tercos. Después su propio cuerpo le fue pasando factura y entrenar se hizo cada vez más ingrato. Sin embargo ese par de horas los martes y los jueves se habían convertido en la oportunidad de reencontrarse con sus amigos. En la oportunidad de verlos, de hablar y de reír. La terapia ya no se hacía de golpes sino de bromas y anécdotas.

Pero esos días también se fueron y cada vez hay menos conocidos en las prácticas. Uno a uno se han ido yendo esos compañeros de batalla. Han ido regresando a sus tierras provincianas. Otros se han ido a hacer dinero o se han ido a viajar por el mundo. También se han ido lesionando, se han ido cansando, se han ido casando.

A pesar del maldito transporte público y del maldito trafico llega a las siete en punto. Llega a tiempo y se encuentra con los primeros asistentes del entrenamiento que charlan mientras esperan al entrenador para que les ordene que se cambien. Los saluda, ha visto antes a la mayoría pero solo conoce a uno o dos. Ellos se refieren a él por señor y aunque él no dice nada, odia que los jóvenes lo llamen así porque le recuerda lo viejo que está.

Mientras se cambia, despacio, esperando que llegue algún conocido de antaño para tener con quien charlar. Alguien con quien discutir razones para no llegar un día a la casa, encerrarse en el baño y pegarse un tiro en la cabeza. Hace rato que no vienen ninguno de su generación o de las generaciones posteriores o al menos de los que lo acompañaron en el campo cuando era capitán del equipo.

Al fin comienza la práctica. La parte física lo destroza. Los demás son más rápidos más fuertes. En la parte técnica le va mejor. Entiende sin problema cada ejercicio. Le pasa igual en los ejercicios tácticos. Sin embargo en los partidos ya no es lo mismo. Ahora entiende mejor el juego y sabe exactamente lo que debe hacer pero sus piernas día a día son más lentas y llega tarde a todo. Sabe porqué su tackle no funciona pero su espalda no lo deja agacharse más. Ve los espacios por donde atacar pero se le cierran antes de que llegue.

Mientras entrena se pregunta por qué ha comenzado a entender el rugby cuando ya no puede jugarlo. Por qué cuando tenía la velocidad y la fuerza no veía con la claridad que se ve todo ahora. Por qué tuvieron que pasar años y años, golpes y golpes, lesiones y lesiones para comprenderlo. Cómo fue que un día abrió los ojos y se dio cuenta que tenia cuarenta y cuatro con una gran barriga, la rodilla mala y todo lo que traen los cuarenta y cuatro. Y se pregunta de qué sirve saber lo que sabe y entender lo que entiende si ya es tarde para él. ¿Qué sentido tiene la vida si se va burlar así de uno?. Quizás enseñarle a los nuevos sea la manera de hacerle el quite a la vejez. Y entonces recuerda que los jóvenes son jóvenes porque no quieren escuchar. Que no respetan ni a sus propios padres y menos hacen caso de un viejo amargado. Que la vez que quiso hablarles se dio cuenta de que hablar en público no es su talento y que el tono de su voz al parecer aburre a todos.


La práctica terminó. Camina cansado hacia su casa ya tarde en la noche. Sabe cómo manejar el dolor, un poco de hielo para el tobillo y una cerveza fría para dormir rápido. Tiene que madrugar a la oficina el día siguiente.

viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Para qué entreno tanto? Reflexiones de un borracho




Muchas veces familiares y conocidos que no practican el rugby me han preguntado que para qué entrenar tanto, ya que muchas veces parece que se gasta demasiado tiempo y energía para un resultado que no siempre es el mejor al final del campeonato. Mi respuesta por años a ese interrogante era que entrenábamos porque es la única forma que hay si quieres ganar el torneo. Y no hay que ser muy suspicaz para anticipar lo que sigue; ¿y entonces porque no ganaron? ¿Por qué no ganaron el año pasado? ¿Cuándo fue la última vez que ganaron?. Es inevitable sentir frustración. Todos queremos ganar. Soñamos con ser los campeones de Bogotá y viajar a torneos de otras ciudades y traer copas, llenar la vitrina de trofeos. ¡Salir de gira a la Argentina y ganar!

Pero esas preguntas odiosas de los amantes del futbol que se conforman con reunirse una vez cada fin de semana a jugar un chuzado, a quienes no les importa tanto ganar o perder porque igual no entrenan, así que no le invierten mucho a algo que no pasa de ser un escusa para mentirse así mismo diciendo que practica un deporte, sin duda esas preguntas tiene un efecto y me han hecho reflexionar y cuestionarme el por qué entrenar si la victoria a veces es tan esquiva. En el fondo siempre he sabido que entreno porque me gusta mucho practicar y verme con mis amigos. Sin embargo años de asistir semana tras semana a la práctica cada noche de martes y jueves, aunque me han quitado toneladas de estrés de mi vida diaria y me han dado algo de salud física, no me habían quitado la frustración de perder un partido. Por el contrario, la desilusión que se siente después de una derrota es peor tras haber entrenado tanto.

Mucho tiempo he pensado al respecto y lo he conversado con varios amigos en interminables discusiones filosóficas de tercer tiempo. Ahora he descubierto que he estado haciéndome las preguntas equivocadas y eso es un callejón sin salida que solo conduce al número trece de la calle tristeza, esquina agonía… Son preguntas derivadas, obviamente, de la forma en que mi cultura colombiana no concibe un deporte tan noble como en rugby.

Cuando uno se pregunta qué es lo que busca lograr al jugar un partido de rugby, la respuesta más pronta es decir que lo que se busca es ganar. Parece lógico y obvio. Todos queremos ganar. Competimos para demostrar quién es el mejor. El espíritu de competencia está en nuestro ADN y es lo que empuja el desarrollo. Claro que jugamos para ganar. Claro que competimos por la victoria. Pero la victoria es un objetivo que no está en las manos de uno y es algo que no se puede controlar. Lo que quiero decir es que el triunfo, en un deporte de equipo, no solo depende de mí como individuo, sino que depende de 15 jugadores dentro de la cancha de rugby. Es más, también depende de los 7 suplentes y de cómo esos 22 jugadores diferentes van a hacer las cosas. Indudablemente también depende del nivel del equipo rival y su performance y preparación. Y depende del árbitro del encuentro, de sus errores y sus aciertos. Además hay factores que no se pueden quitar como el estado del campo o el clima que afectan el desarrollo de un partido y por ende su resultado final. En otras palabras, si digo que mi objetivo para jugar el rugby es el de ganar, pues estoy poniendo mis metas, es decir, mis ilusiones en manos de otros que están fuera de mi control. Lo que quiere decir que no importa cuánto me mate entrenando, el resultado final dependerá de muchas más cosa, pero no de mí. Decir que mi objetivo es ganar, es un pajazo mental que estúpidamente me hará sentir feliz si se gana y miserable si se pierde.

Curiosamente la respuesta al dilema planteado la encontré en un libro que tenía guardado sin leer hace como 10 años. No lo había terminado de leer por pereza y por tiempo. Estaba demasiado ocupado entrenando. Lo que descubrí en este libro es que básicamente los objetivos que uno se debe poner, deben poder ser controlados por uno mismo. No deben depender de factores externos. Así uno es responsable de cumplirlos y la satisfacción o frustración estarán bajo control también. Adicionalmente esto influenciará en la motivación y en el enfoque al igual que en la concentración ya que uno mismo podrá ver como mejora cada día y empezará a perseguir objetivos más y más exigentes cada vez. Para dar un ejemplo simple, un jugador que lanza en el line out podría ponerse como objetivo el de lanzar el balón de manera precisa. Su meta será reducir a cero los balones parciales. Lo primero que hará es darse cuenta de cual es su rendimiento actual, como punto de partida. Contará cuantos balones parciales le pitan durante un partido. De esta forma podrá medir su avance. Luego junto con el entrenador podría planear una estrategia para mejorar su lanzamiento. Seguramente llegará a la conclusión de que debe practicar el lanzamiento durante un tiempo determinado cada día. Tal vez mediante un video observe como está su técnica y pueda corregir detalles. Seguramente descubrirá que su precisión disminuye considerablemente con el agotamiento físico del partido así que empezara a trabajar su estado físico, y probablemente eso conllevará a que cambie su dieta, etc.

El ejemplo ilustra como un objetivo individual aparentemente simple, inicia todo un proceso, una bola de nieve que va afectando un montón de aspectos diferentes y que a la final lo que realmente se está asiendo es que ese jugador contribuya de manera invaluable con un lanzamiento certero, esencial para ganar los line out y en definitivo para ganar el partido ya que sin un line out solido es casi imposible jugar al rugby. Por otro lado ese jugador se convierte en un competidor que cada vez lo quiere hacer mejor. Un jugador que durante el partido está enfocado en perseguir su meta sin importar si se está ganando o perdiendo, sin importar si está jugando contra un equipo de menor nivel o contra los All Blacks. Se ha convertido en un maestro de la concentración durante los partidos y su motivación lo empujará a mejorar cada vez. A lo mejor también se dé cuenta de que prepararse para un partido no es suficiente con llegar temprano a este. Que ayuda bastante no salir de juerga la noche anterior. Y que prometerse a si mismo ir a entrenar sin falta, luego de una charla motivadora del entrenador tras un partido mal jugado, no alcanza para asistir a los entrenos ya que además hay que organizar una montaña de actividades del trabajo, el estudio y la novia para no tener que enviar, una hora antes del entreno, un mensaje excusándose por no poder asistir ese día.

El mismo concepto se debe aplicar para fijar objetivos individuales medibles para la patada a palos, la pata de penal a la línea de touch, la patada de drop, talonear el balón en el scrum, atrapar balones del aire, patear y correr, tacklear y pescar, pasar el balón, romper el primer tackle, etcétera, etcétera, etcétera.


Finalmente, de lo que me di cuenta es que responder a la pregunta de qué es lo que espero al entrenar para un partido rugby, con un simple “ganar” es lo mismo que decir: no sé, no tengo ni idea! Porque en primer lugar, ganar no depende solo de mi y en segundo lugar porque aunque se logre ganar, no será una victoria para mí. La victoria no es para el que marca los trys de un partido ni para el que mete más puntos pateando a los palos. La victoria no es para el man of the mach ni para el capitán del equipo o para el entrenador, ya que se requiere del trabajo imprescindible de muchos dentro y fuera de la cancha. Lo que hay que entender para responder esa pregunta es que el rugby no es un fin sino un medio, y que el objetivo de un equipo se desvanece cuando se olvidan las metas individuales de los que lo conforman. Entender que es más importante jugar bien al rugby que el score del partido porque ese score solo es una consecuencia y no una causa. 

miércoles, 21 de enero de 2015

Irreversible




Me duele la boca. El codo me está matando. Mi hombro me duele también. Pero mi boca está bastante extraña. La siento diferente. Algo raro pasa. Hay sangre en la almohada y en las sábanas y en la pared. Creo que el partido estuvo bueno ayer.

Un momento la temporada terminó hace semanas. Yo no estuve jugando ayer. ¿qué paso anoche? me duele todo como si hubiera jugado ayer, pero eso es imposible.

¿Porque el piso está lleno de vidrios? Espera, es el espejo está roto!

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No puedo creerlo. Soy tan torpe. Mira lo que le hice al diente. No, no, no! Está roto. Se rompió por la mitad y está flojo.

 

Mejor lo dejo quieto, se me puede caer!! Ya me pasó una vez antes, en un partido. Un cabezazo directo al diente frontal. Duró flojo una semana pero ahora está firme. 

 

Quieto, que se arregla solo. Tengo suerte de no haberlo perdido. ¿Pero que es eso en el espejo? Está horrible. Me cagué mi estúpida sonrisa. No, no, no!

¿Que he hecho? Estoy fuera de control. Ahora tengo que limpiar todos esos vidrios. Seguro el casero me va a hacer pagar ese espejo. Llegaré tarde a clase mañana…

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Es imposible. ¿porque me pasa esto a mí? Ya estaba llegando a la casa. Sólo una calle más y lo hubiera logrado. No pensé que estuviera tan borracho, pero míra, ¿qué estoy haciendo en el piso?

 

Está bien, estoy bien, ya me levanto. Hahahaha, quédate quieto mundo, no des vueltas! ¿Cómo está la bici? Siento algo raro en la boca. Creo que me trague un piedrita.

 

****


- Claro que puedo. Ni que fuera la primera vez.



Una vez, después del trabajo, me emborraché en una tienda cercana con los obreros de la fábrica. Estaba de moda la cerveza Leona, la endemoniada cerveza Leona. Y volví a mi casa con mi motocicleta totalmente ileso.



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- ¿Porque no te quedas esta noche en el sofá? creo que no es buena idea que vuelvas a tu casa solo en tu bici. Estas muy borracho.

- No estoy tan borracho. Estoy bien. Mi casa es cerca. A esta hora no hay carros.

- Para ser honesto no creo que estés bien. No has empezado tu retorno y ya te caíste de la bici.

- ok Nico, estoy un poquito borracho pero estoy bien.



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Que cansones y patéticos somos de borrachos tratando que conseguir algo de sexo. De seguro yo mismo he intentado algo parecido con cientos de mujeres en el mismo estado de ebriedad en el que está este imbécil. Nunca lo había pensado. Con toda la razón nunca consigo nada. Debo dejar de beber tanto. Por lo pronto lo que debo hacer es largarme de aquí antes de quedarme dormido por ahí con este maricón rondando.



¿Dónde está Martina?  Hace rato que no la veo por aquí ¿Porque está tan indiferente conmigo? ¿que se cree?



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      - Mira, en serio, no tengo nada en contra de la homosexualidad, sencillamente a mí sólo me gustan las mujeres y no más.

      - ¿Y cómo lo vas a saber si nunca lo has intentado?

      - Ha, no funciona así. No para mí. Nunca lo intentaría. Me gustan bastante las chicas.

      -No sabes las mamadas que soy capaz de dar.

      - Hey profe! Bebiste de más. Es mejor que te regreses a tu casa.

      - Ya es muy tarde. Hablé con Nico y dijo que puedo quedarme…



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¿Dos botellas de whisky es como mucho? Definitivamente no. Es un BBQ. Habrá mucha comida y cerveza también. Y es Lunes festivo!! el clima está perfecto. Creo que aprovecharé para broncearme un poco.



****


Que resaca tan dura. Bebí demasiado ayer. Los fanáticos del rugby beben demasiado. Son ligas mayores. Creo que no entrené lo suficiente para esta parte del rugby. Pero conozco la solución. Una cerveza muy fría y tomársela en un solo tiempo hasta el fondo. Es magia. La resaca desaparece de inmediato.



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Que jodido día tan hijoputa. Todo salió perfecto. Puedo decir que me emborraché gratis hoy. Increíble todos me gastaban cerveza. Ahora mejor descansar. A ver si voy al famoso BBQ mañana. Por ahora una pizza estará bien. Bueno, unas cuantas Stella, tal vez Gevin esté en casa. Sería muy bueno contarle como estuvo el partido hoy.


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No lo puedo creer. Tres partidos de Rugby! Nunca me lo hubiera imaginado. No sabía que después de Barbarians iban a jugar las finales de dos torneos locales. Mierda! Twickenham. No lo puedo creer. Ojalá Santi estuviera aquí conmigo. Le habría gustado mucho la forma en que gastan cerveza estos Ingleses. Le habría gustado más el partido de Inglaterra contra los Barbarians. Que partido! Increíble estar aquí.  Pero no, la verdad creo que le habría gustado más la cerveza invitada. Bueno Santi, desde Londres me la bebo por los dos.



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- Haha miren allá, un hijo de puta se acaba de meter al campo en medio del partido. Va en bola!

- Los guardias no lo agarran, como corre el cabrón.

- Y los jugadores siguen en partido como si nada.

- Sí, es que así lo deben hacer por ley. Ya sabes que estos maricones se meten a los partidos para llamar la atención.

- Pero el malparido corre mucho! Cruzo toda la cancha!

- Hey, marcó el try al llegar al in-goal. Que puto!



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- Deme la camiseta de los Lions

- 45 libras por favor.

- ¿Y cuanto dijo que costaba la gorra de Inglaterra?

- 15 libras

- Ok, voy a llevar una también

- Ok, algo más?

- ¿Cuánto cuesta ese buzo de Barbarians?

- 65 libras…



****



- ¿Ustedes van al Twickenham?

- Si

- Ay gracias. ¿puedo ir con ustedes? No sé bien que tren tomar y creí que ya estaba un poco tarde.

- Estamos muy bien de tiempo. Hay que ir hasta la estación de Waterloo y ahí tomar un tren hacia Twickenham.

- Qué bien. Venía corriendo porque me quedé dormido y pensé que no alcanzaría a llegar al estadio y cuando estaba comprando el billete para el tren ya no tenía mi boleta para el estadio!! Regresé por donde había llegado y como a una cuadra encontré mi boleta tirada en el piso con un montón de gente pasándole por encima. Casi me da un infarto.

- ¿De dónde eres?

- De Colombia. Vine desde allá para ver este partido.

- ¿qué?





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- No voy a alcanzar al partido

- ¿Sabes qué? Lárgate para tu puto partido que yo la consigo sola.

- Martina no te pongas así. Ya te dije que es muy importante para mi ir a ese partido de rugby.

- Ok, ya está tarde. Ciao.

- Mira aquí hay 20 libras, no sé cuánto pueda costar.

- No necesito tu plata.

- Te veo en la escuela.

- Ummm…



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- Nos quedamos dormidos!

- ¿Qué pasa?

- El partido! El partido de rugby, ¿recuerdas? Es hoy. Esta muy tarde. ¿Dónde deje mi boleta del partido?

- ¿Qué, te vas a ir? ¿y la pastilla? ¿Dónde voy a conseguir la puta pastilla?

- En cualquier farmacia la deben vender ¿no?

- No sé. Creo que es ilegal en este país, no estoy segura.

- ¿Ilegal? ¿Cómo va a ser ilegal esa puta pastilla?

- No sé. Nunca había tenido que comprarla. Muchas gracias!

- Ya te dije que no fue mi culpa…

- ¿Quién está ahí afuera, en el patio?

- Debe ser Gevin.

- Él es de aquí ¿no? Vamos a preguntarle.



****



- Hey, ¿tienes un cigarrillo que me puedas vender?

- Tengo tabaco y papel, si quieres ármate uno.

- La verdad no tengo ni idea como se arman los cigarrillos así.

- Vamos, yo te enseño. ¿de dónde eres?

- Colombia. ¿tu?

- Italia…


domingo, 30 de junio de 2013

Protestando contra el uso del carro


Porque no creo en el carro. Están contaminado mi planeta. Por favor menos carro y más bicicleta.


El pasado 8 de junio más de mil personas salieron sin ropa a las calles del centro de Londres en sus bicicletas. La idea era protestar contra la dependencia del petróleo, y hacer un llamado a los conductores para que tengan mas cuidado y respeto hacia los ciclistas.



























VIDEOS:

http://www.youtube.com/watch?v=NirplDhyWvU&feature=em-upload_owner

http://www.youtube.com/watch?v=EwHuDYcHopM&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=HoKZiwgzYjM&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=z5ZoJ6IYHL4&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=N7VByQmG5oU&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=NirplDhyWvU&feature=em-upload_owner



http://www.youtube.com/watch?v=sx_cOoS1bsg&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=YJbqH_goyrE&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=jKrVBZJJDu8&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=SyzJTeUjERM&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=DBKlkDm2TJQ&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=KHpfBlCLsR8&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=xCe-igqv4h4&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=a9QNjhhwxhk&feature=em-upload_owner


http://www.youtube.com/watch?v=x7lw4ltT-3A&feature=em-upload_owner

jueves, 25 de abril de 2013

La bici

Encontré una buena bicicleta en internet. Segunda mano, buen estado, buen precio. El único problema era que el vendedor estaba en Stratford, al norte de Londres y yo vivo en Eltham, al sur.
Mi plan era llegar a Stratford, ver la bici, negociar y volver a mi casa con la bici en el DLR (Docklands Light Railway). Ese domingo llegué al encuentro con el vendedor de la bici a la hora pactada. 6 pm. El vendedor era un muchacho Polaco de unos 20 años que estaba estudiando contaduría. Quería vender su bicicleta clásica para comprar una más rápida. La bici correspondía con las fotos del sitio en internet. Era una bici de corte clásico, con guarda fangos delanteros y traseros, parrilla y un ancho pero duro sillín.
El trato se cerró por 60 libras esterlinas, y yo volví a la estación de Stratford para tomar el tren que me llevaría a casa. Estando parado, dentro de la estación, esperando el tren, un trabajador del DLR se me acercó y me dijo que no podía viajar con mi bici en el DLR.
Yo estaba muy lejos de mi destino, y nunca antes había estado en esa parte de la ciudad. Podía volver montando mi bici pero no sabía que ruta tomar. Pensé que podía seguir las rutas del DLR, que generalmente van sobre las calles, hasta encontrar un lugar conocido. Sin embargo fue difícil debido a que no había calles que siguieran paralelas a las vías del tren. Al cabo de unos minutos ya no podía ver la dirección de la carrilera.
Eran las 7 pm y el sol estaba en un extremo de la ciudad. Supe que ese era el occidente y que si mantenía el sol en mi hombro derecho, estaría dirigiéndome hacia el sur de la ciudad, hacia mi hogar.
Era un bello día de primavera. Yo realmente estaba disfrutando mi primer paseo en bici por Londres. El plan había dado resultado. A lo lejos pude ver los altos edificios de Canary Wharf. Son los más altos de toda la ciudad, o mejor los únicos. Londres no es una ciudad de rascacielos debido a su suelo. Al verlos supe que estaría a salvo. Solo debía llegar hasta esos altos edificios que veía a lo lejos. Estaban a la mitad de mi recorrido pero el camino desde Canary Wharf a mi casa lo conocía bien.
 De pronto llegué a una vía llamada Blackwall, muy grande, muchos carriles. Me detuve en un semáforo que estaba en rojo, y mientras esperaba el cambio, unas barreras bajaron bloqueando el paso. Como cuando el tren viene y cierran temporalmente las calles para que este pase. Pero yo no podía ver ninguna carrilera el frente. Al fijarme con más atención, ví un aviso vial que indicaba que más adelante se encontraba el túnel de Blackwall.
El cambio de la luz del semáforo estaba sospechosamente demorado. Las barrera continuaban bloqueando el paso y cada vez había más carros en la fila. De repente la voz de una mujer se transmitía a través de altavoces ubicados a lo largo de la vía, los cuales no había advertido hasta ese momento. El sonido era distorsionado, como de aeropuerto.  No logré entender lo que estaba diciendo. Supuse que había ocurrido un accidente en el túnel o algo por el estilo.
Lo siguiente que pasó fue que todas las personas que estaban a mi alrededor en sus carros comenzaron a mirarme. Los que estaban junto a mi bajaron la ventana y me señalaron. Un tipo que estaba en carril de la izquierda me gritó que me regresara por donde había venido, que no podía cruzar el túnel en bicicleta.
Me baje de mi nueva bici. Nueva para mí, desde luego. Di media vuelta y comencé el retorno entre los carros hacia la salida de esa calle, unos cien metros atrás. Las personas que estaban atrás en la fila de carros, que no alcanzaban a escuchar los altavoces me preguntaban que qué había pasado. Yo sonreía y decía que lo sentía, que el cierre era por mí.
Pensé que en instantes llegaría algún policía a multarme, pero no. Continué mi paseo de dos ruedas por el este de Londres y finalmente llegue a casa tres horas después de mi partida, con los últimos rayos de sol y la satisfacción de la aventura. Satisfacción no por haber vencido el peligro sino por haberlo corrido.

viernes, 19 de abril de 2013

China


La cultura de un pueblo está en su escritura. La escritura se construye con palabras. Las palabras sostienen el pensamiento. Pensamos en palabras. Las palabras cuadriculan nuestras ideas. Si no hubieran inventado las palabras "bueno" y "malo", nadie se preocuparía por que las cosas fueran buenas o malas, simplemente las cosas serian como son. Lo que es bueno para unos es malo para otros.  

Unos amigos taiwaneses me enseñaron a escribir una palabra en su idioma. Los taiwaneses tiene su propio idioma; el taiwanes. Es similar al chino pero no es igual. Entre chinos y taiwaneses se pueden entender, pero aun así son idiomas diferentes. Sin embargo los taiwaneses usan los caracteres chinos para escribir en su idioma. En Taiwan utilizan los caracteres tradicionales, pero en china utilizan los simplificados. 

Los caracteres simplificados hacen parte de un esfuerzo del gobierno chino a lo largo de la primera mitad del siglo XX para simplificar el aprendizaje de su escritura. Los chinos gastaban muchos años aprendiendo la escritura, descuidando otras áreas. Para convertirse en un país competitivo, el gobierno decidió reformar los caracteres. Sin embargo los simpatizantes del chino tradicional lo han rechazado por que piensan que la simplificación restringe las palabras, la escritura, la forma de pensar y deja en el olvido la cultura. Cualquier parecido con el libro 1984 no es pura coincidencia.

La palabra china que me enseñaron se escribe inicialmente dibujando un cuadrado. El cuadrado represente la palabra boca. También representa la palabra persona porque una persona básicamente es lo que come y lo que habla. Luego se dibuja una raya horizontal bajo el cuadrado, esto representa la tierra. Por ultimo se dibuja una espada al lado derecho del cuadrado.





Al encerrarlo todo en un cuadrado mas grande, se termina el caracter que significa NACIÓN  Lo que representa una nación son sus bocas, su tierra y sus armas. Te da mucho para pensar.


Estamos viviendo una gran crisis económica mundial. Siempre que el mundo ha visto una gran crisis, ha visto también que la sigue una gran guerra. Las cartas están jugadas. Tal vez inicie entre Corea del Norte y USA pero China, que en este momento es una nación muy poderosa junto con India, apoyará a Norcorea. Seguramente Rusia lo haga también y los petroleros países de medio oriente. En vista de esto la unión europea se unirá a USA y veremos el comienzo de la tercera guerra antes de que llegue el próximo marzo. Como se pronosticó en el pasado, la tercera guerra tendrá escenario en asia, pero países como Venezuela participaran.

Recuerden que lo leyeron primero en este diario.




jueves, 18 de abril de 2013

El Rugby





Cuando tomé la decisión de venir a Inglaterra dejando mi familia, amigos, trabajo, novia, la mayoría me preguntaba si era que yo estaba loco. Hasta yo mismo llegué a pensar que estaba loco. La excusa fácil era que quería estudiar, pero por dentro sabía que era algo más.

En el vuelo Madrid Londres me tocó en el mismo avión con un grupo argentino de jugadores de rugby. El Buenos Aires Rugby Club repetía la gira que la generación anterior había hecho en los años 90. Viajaban conmigo tres divisiones completas de uno de los clubes mas importantes de Argentina. Probablemente estaba viajando junto a un par de futuros Pumas.

Los argentinos iban a jugar en Londres, Bath, Cardiff, Edimburgo y finalmente justo para la fiesta de San Patricio en Dublin. Por supuesto pregunté por el lugar en el que jugarían en Londres para ir a ver el partido.

De esa forma el miércoles siguiente de mi llegada a Londres, estuve parado en el campo de rugby del Blackhead viendo un partido de primera calidad. Rápido, físico, preciso, casi perfecto. La primera división del Buenos Aires le ganó 18-23 a la primera del Blackhead el seis de marzo del 2013, y yo lo presencié.

Tuve la suerte de ser invitado al tercer tiempo, donde conocí a viejos jugadores del club local. El Pub del club parecía más un museo. Sus miembros mas antiguos estaban muy complacidos de mostrarme cada pieza del museo.

El club de rugby Blackhead fue fundado en 1858, y es el primer club de rugby independiente del mundo. En 1890 sus miembros fueron cofundadores del famoso Barbarians FC junto a William Percy Carpmael que jugaba en Cambridge University.

Gracias a la coincidencia de viajar con el club argentino en el mismo vuelo, ahora estaba conociendo a entrenadores y jugadores de un club especial, el cual conserva los principios mas valiosos del rugby. Fui convidado a unirme al club y me dejaron saber que era bienvenido.

Lo siguiente que hice al llegar al hostel en el que me hospedaba fue buscar una habitación para rentar cercana al club. No tuve suerte. Pocas opciones y todas fuera de mi presupuesto. Finalmente tuve que escoger un lugar alejado del club pero acorde con mi economía.

Una semana mas tarde, asistí a un partido de la sub 19 del Blackhead. Con la excusa de ver el partido, aproveché para preguntar cuando podría empezar a entrenar y cuanto tendría que pagar.

La temporada estaba finalizando, pero yo era bienvenido al club para entrenar y jugar. Por el momento no tendría que pagar la inscripción, y los entrenamientos no eran en la sede del Blackhead sino en Eltham.

Grata sorpresa cuando en el mapa encontré el lugar de entrenamiento a solo 5 minutos a pie del lugar que había rentado. Al día siguiente estuve entrenado con el tercero de los 5 equipos para hombres que tiene el Blackhead.

Duro entrenamiento. Ejercicios que nunca había hecho antes. Veloz, intenso, fuerte, divertido. Al final me dijeron que si quería ir al partido del siguiente sábado, que la cita sería a la 1 pm. Después del entreno, en casa, muy agotado pero muy feliz dibujé y describí en un cuaderno todos los ejercicios que había aprendido.

El sábado a la 1 pm, la mayoría del equipo estaba en las puertas del club como lo habían pactado. Unos minutos después, partimos hacia el club rival en los carros de algunos de los jugadores. Yo me uní al grupo que iba en el carro del entrenador.

El entrenador es un tipo de unos 55 años, que trabaja manejando un taxi en Londres. Solo deja su labor para entrenar a los chicos del Club. Por primera vez me subí a un taxi londinense. Todos los carros usados para taxi en Londres son idénticos,  estándar, están diseñados para transportar a 6 personas en la parte trasera, la cual, está totalmente aislada del conductor. Tanto es así que la comunicación entre conductor y pasajero es a través de intercomunicador electrónico, y si el pasajero quiere, puede apagar el intercomunicador para no tener que escuchar al taxista. Eso es civilización.


El viaje para llegar al campo del club rival, el "Old Elthamians Sports Club" para la mayoría había sido una hora. Para mi eran años desde la primera vez que conocí el rugby y tuve el sueño de jugar en el lugar donde se originó.

Al salir de los camerinos, el entrenador me preguntó que si jugaría de ala. Asentí con la cabeza. Sentí exactamente lo mismo que el día que jugué el primer partido de rugby de mi vida.

Recuerdo que mi primer partido fue en Los Osos. El capitán me puso de ala por ser la primera vez. Ese día, entré con miedo. Nadie me conocía y yo sabia lo mínimo del juego. En ese momento no tenia amigos en la cancha o fuera de ella apoyándome. Me paré por primera vez dentro de un partido de rugby completamente solo.

La historia se repetía en Inglaterra. La mayoría de mis compañeros de equipo, más altos, fuertes y rápidos que yo. Nadie me hablaba, nadie daba un peso por mi e iba a jugar de ala. Un completo Peña. Por primera vez me paraba en un cancha de rugby inglesa. Pero esta vez no me sentía solo. A ese campo, entraron conmigo todos los Osos, los Rinhos, Zeppelin, los Lobos, los Buhos y uno que debe estar en el cielo del rugby. Todos los amigos que he hecho jugando al rugby y que me han enseñado una infinidad. Todos estaban parados junto a mi apoyándome. Asi fue mi comienzo en la tierra del rugby.