Un par de semanas antes de viajar a Londres, reservé 6 noches en el hostel más barato que encontré en la red. Costaba 14 libras por noche y estaba ubicado el noreste de la ciudad. Dos cosas a las que tenía que prestar atención; Uno, debía informar al hostel si llegaba después de la hora establecida para recibir nuevos huéspedes (entre las 11 am y las 4 pm). Dos, el hostel maneja diferentes sedes y sólo el día de mi llegada, mediante un email, me informarían la dirección exacta a la que debía llegar.
Yo llegaría después de 5:30 pm, ya que esa era la hora de arribo de mi vuelo. De modo que se los informé por email. Me respondieron que no me preocupara, que el día de mi llegada recibiría un correo electrónico con las instrucciones para llegar y entrar al sitio de hospedaje. También recibiría indicaciones para encontrar una caja de seguridad con una combinación secreta donde debía buscar las llaves para entrar. En dicha caja encontraría instrucciones precisas para entrar a la casa, encontrar la habitación y la cama que me correspondía. En ese momento dudé si había reservado un hostel para mocholeros o por error había entrado al servicio secreto de su majestad.
Cuando estaba en Madrid haciendo la conexión del vuelo hacia Londres, revisé mi correo electrónico y encontré el email con todas las indicaciones y un mapa para llegar al hostel. Eso me tranquilizó un poco. Pero 3 horas después en Londres tuve algunas dificultades para hallar el lugar. Primero porque la estación del underground mas sercana al hostel estaba fuera de servicio ese dia. Tuve que salir del underground una estación antes y caminar un poco mas de lo planeado. También se me dificultó mi ubicación porque no todas las calles de Londres tienen señalizado su nombre y fue difícil encontrar la dirección del hostel. Sin embargo preguntándole a la gente que encontraba logré llegar.
Siguiendo las instrucciones precisas de la caja de seguridad, finalmente llegué a mi habitación. Un poco cansado por el viaje y por la resaca que traía desde Colombia. El hostel era una casa antigua, como de los años 70, muy bonita. Contaba con 3 pisos más un sótano en el cual habían tres cocinas mas una cuarta en el segundo piso. En el sótano también había una especie de sala de estar con TV sofás y mesas de comedor. En cada habitación había armarios grandes en los que cabía una maleta estándar, para dejarla con candado al salir.
Lo bueno del hostel; que está junto a una calle donde se puede encontrar de todo. De todo es de todo. Cualquier cosa de cualquier parte del mundo. Como un San Victorino londinense, osea un San Victoriano. Con la diferencia de que nadie te quiere matar cuando lo caminas. Lo malo del hostel, que está lleno de españoles. Todo España se ha venido a Londres a buscar trabajo, y sin saber una palabra de inglés. Lo gracioso es que los españoles creen que van a encontrar trabajos similares a los que tenían en la madre patria antes de la crisis. Pero a las pocas semanas de estar en Londres se resignan a tomar los empleos no calificados que nosotros los suramenricanos fuimos a hacer a España hace algunos años. ¿Y ahora de que voy a buscar trabajo yo?
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