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sábado, 9 de marzo de 2013

El vuelo de la muerte

La primera anécdota del viaje. Inolvidable.

Siempre he sospechado que las coincidencias de la vida hacen parte de un experimento malicioso que se salió de todo control. Es un experimento que estudia a la raza humana. Como si un científico omnipotente pudiera verlo todo y manipulara todo sin que sus conejillos de indias pudieran notarlo. Así como lo hace un niño que mira a través de su lupa, mientras quema hormigas por el simple placer de verlas retorcerse de dolor en un día soleado. Prueba de ello es la ley de Murphy, la única ley en el mundo que nadie ha podio quebrantar. Es muy extraña la forma en que las cosas se van conectando unas con otras dentro de esta Matrix.

Eso venia reflexionando en el viaje de Bogotá a Londres, con la lucidez que solo da la resaca. Resaca que no me dejaba dormir, sin importarle que por obtenerla, no había dormido la noche anterior. Resaca que era el regalo de despedida de mi barra querida.

Como era imposible dormir, veía la película que pasaban en el avión  Aquí la primera coincidencia; pasaban Skyfall. El agente 007 me mostraba como usar el underground de Londres. Si piensan que el servicio del avión  puso esta película porque íbamos hacia Londres, se equivocan. No íbamos directamente hacia Londres, íbamos hacia Madrid, puerta de entrada para miles de vuelos provenientes de América, los cuales se dirigen hacia un sin número de destinos en toda Europa. Y ahí llega la segunda coincidencia.

Siempre trato de escoger ventanilla en los aviones. No solo porque todavía me regreso a mi infancia cuando me asomo por la ventana y puedo ver diminuto lo que es inmenso (cosa irrelevante en un vuelo nocturno a través del Atlántico, como en el que yo iba), sino para disminuir en un 50 por ciento la posibilidad de que un cretino se siente a mi lado a hablarme durante todo el vuelo. Sin embargo siempre hay un cretino dispuesto a charlar, o como en este caso, una cretina. Una colombiana que retornaba a la ciudad donde le había echado el lazo a un inocente lugareño, meses antes, y volvía para radicarse de forma definitiva. ¿Porque en un avión de unos 300 pasajeros que van a todas partes de Europa, a mi me toca al lado de una que va a Londres y quiere hablar durante las 12 horas de vuelo?

Después de un rato de sandeces, llego una que es de no creer. Afortunadamente para mí, a mi parlanchina vecina de silla le entraron las ganas de dormir. Y comentó lo siguiente:

- Tengo mucho sueño, pero no me quiero quedar dormida hasta que pasemos por el meridiano.
  - qué?...cómo dice?.. que pasemos por donde?
- ¿Ud nunca ha ido a Europa? es que uno pasa por el meridiano.
  - ¿por el meridano?
- Si. es una cosa que no recuerdo el nombre exacto, ni como es que sucede  pero es como atravesar por el meridiano.
  -¿como que pasar por el meridiano?
- Si. Es la linea del meridiano donde se separan el día y la noche. Y uno ve una linea y a un lado se ve el día y al otro se ve la noche. Yo lo pude ver en mi anterior viaje y fue fantástico, hasta le tomé fotos.

Y sin más ni más me dejó con una intriga tremenda, porque ella me aseguró que yo lo podría ver con mis propios ojos. Me prometí a mi mismo que investigaría el nombre y la causa de dicho fenómeno en cuanto tuviera acceso a internet. Cosa que no tuve que hacer porque las respuestas a esas dos preguntas las encontraría antes de bajarme del avión.

¿Cómo diablos, esta señora había visto la linea que divide el día de la noche?. El sol alumbra la esfera terrestre. El 50 por ciento de la tierra esta de día y el otro 50 esta de noche. Pero la tierra esta girando sobre su propio eje. Eso se llama rotación,  y como el sol sale por el oriente, significa que si me paro sobre el polo norte, en el espacio exterior voy a ver girar la tierra en contra de la manecillas del reloj, es decir, en sentido anti horario. Así que si un avión parte desde América hacia Europa, a las 7 pm, como el avión en el yo que iba, en algún momento, dicho avión tendría que cruzar esa linea que la mujer llamaba meridiano. Pero el problema es que desde la atmósfera terrestre no es posible ver dicha división debido al aire. La luz del sol se estrella en la atmósfera y se difumina, haciendo que el cielo se vea azul durante el día  y por cambios en la longitud de onda de la luz, debido a diferencias en el ángulo de entrada de la luz en la atmósfera, el cielo luce naranja en los primeros minutos del día y también en los últimos.

Tengo un pasatiempo cuando viajo. Trato de adivinar la ocupación de las personas que recién conozco, basándome en pequeños detalles de su atuendo y de sus palabras y formas. Definir a mi vecina de silla fue fácil. Ella no podía ser otra cosa que astronauta, ya que su viaje anterior debió ser en transbordador espacial. Sólo de esta manera pudo ver la linea que divide la noche y el día, que se ve desde el espacio exterior.

Con la calma de haber llegado a una conclusión coherente, y apunto de conciliar el sueño, una palmada suave me devolvió a mi resacado vuelo. Era mi entusiasmada compañera de silla, avisándome que lo prometido estaba ante nosotros, a través de las ventanillas del avión.

Las respuestas fueron halladas. El nombre del fenómeno que la señora de la silla contigua no recordaba era: amanecer, y funciona gracias a Dios que fue el que puso a girar al mundo en sentido anti horario y jodió todo, ahí empezó mal el experimento. Es por eso que ahora quiere acabarlo todo.

La vieja lo que había visto en su viaje anterior y aquí lo veía por segunda vez junto a mi, era el amanecer mas increíble que yo jamás he visto. Solo a 12000 metros de altura y con el horizonte despejado del océano se puede contemplar semejante espectáculo  En los primeros minutos del día se puede ver una linea brillante que delinea al planeta mientras el firmamento sigue estrellado. Luego, empieza la salida el sol, coloreando de fuego las nubes bajo el avión mientras se van borrando una por una las estrellas. Es impresionante.

Finalmente llegamos a Madrid y afortunadamente, la señora tenía un vuelo hacia Londres diferente al mio. Al despedirnos me preguntó que como se llamaba el lugar en donde estudiaría y yo le dije:

- Voy a una escuela que se llama Greenwich
  - Greenwich?? así se llama, eso así....
- qué cosa?
  - El meridiano, se llama el que cruzamos, El Meridiano de Greenwich...

Supe que el mundo iba a acabarse antes de que esta mujer entendiera una sola de mis aclaracions. Por lo tanto me despedí con la falsa promesa de que le escribiría al llegar a Londres.





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